nina tablet

¿Puede un niño, hoy en día, renunciar al tablet?

La respuesta resulta compleja y por eso la mayoría de padres se resignan a observar a sus hijos desde otro prisma, ya que además de niños ahora también son nativos digitales. Sí, nativo digital. Ese término que define a aquel bebé que aprendió a decir Ipad antes que mamá y papá.

Son muchos los detractores de este nuevo concepto de niño tecnológico, que prefiere ejercitarse en el manejo del dedo índice sobre la pantalla retina antes que salir a la calle para jugar a clásicos de generaciones pasadas como el “pilla pilla” o el escondite.

Sí, algunos jamás sentirán la emoción de librar “por todos sus compañeros”, pero los dispositivos digitales tienen mucho que aportarles, sobre todo si lo extrapolamos al terreno académico. Por eso cada vez son más los centros educativos que suministran tablets a sus alumnos, que éstos utilizan tanto dentro como fuera del aula, dándoles un uso intensivo en sus propias casas.

Aquí se abre un nuevo debate: ¿hasta qué punto estos gadgets son seguros para una “personita” que apenas ha aprendido a atarse los cordones de los zapatos? Algunos temerosos progenitores comparan la peligrosidad de estos dispositivos en posesión de un infante con la de un lanzamisiles tierra aire, no apto para ser manipulado por manos inexpertas.

Los centros educativos, conscientes del problema, no dejan este punto al azar, con protocolos de seguridad para que éstos no entren en páginas donde no deben, mediante restricciones en la red WIFI de las escuelas y la instalación de medidas de control parental en los dispositivos, a través de sistemas MDM “mobile device management”.

Todo para alejarlos del “desagradable” mundo exterior. Ese universo que podría mancillar su alma sin mácula. Quizá estas soluciones también son necesarias porque algunos de ellos no se consideran tan inocentes y no es recomendable alimentar sus ansias por conocer una realidad para la que todavía, quizá, no estén preparados.

¿Pero qué sucede cuando están fuera de la escuela?

Éste es uno de los puntos más críticos. Por eso las empresas de seguridad informática siguen innovando y en plena era “cloud” se alían con la nube para protegerlos. Un ejemplo en este sentido es el de Sophos Cloud, que vela por ellos tanto dentro como fuera de los muros del centro educativo.

El procedimiento es muy sencillo: este software controla desde la nube todo lo que sucede en cada aparato y restringe lo que allí se puede hacer desde un lugar remoto, al que el niño jamás podrá acceder. Es la versión moderna de poner los dulces en la parte alta del armario, pero sin posibilidad de utilizar sillas ni escaleras, porque aquel estante está alto, muy alto, a la altura de las nubes.

Volviendo al tema, el administrador puede configurar, una a una, las funciones a bloquear en cualquier aparato de forma remota, incluidas las restricciones para entrar en determinadas webs. Además, en caso de robo, se puede borrar toda la información acumulada en el dispositivo. Las opciones son muchas y altamente personalizables. Y nuestros hijos están más que protegidos.

En resumen y para la tranquilidad de las familias, aplicando herramientas como Sophos Cloud la ecuación niños y tablets no tiene por qué dar como resultado: inseguridad. De modo que, no les dejemos “huérfanos de tablet”. Eso sí, con un uso moderado, porque no hay mejor sensación para un niño que ganar una buena partida al escondite en el patio del colegio.

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